Descentralización, Equidad y Justicia Territorial para un nuevo Chile

Con el estallido social de 2019 las y los habitantes de Chile levantamos una serie de demandas que eran como gritos de dolor, evidenciando los lugares de nuestro cuerpo social dónde más nos duelen la injusticias en las que hemos vivido por casi 5 décadas.

Reclamamos por salud, educación, pensiones dignas, aguas y medioambiente libres y sanos, equidad, respeto a la niñez, a la adultez, a la diversidad de géneros, y muchas otras.

Muchos de estos dolores provienen de leyes e instituciones impuestas a la fuerza durante los primeros años de la dictadura cívico militar de Augusto Pinochet y sus secuaces: El código de aguas, el de minería, la ley forestal, la ley que instaura las AFP, etc.

Sin embargo, junto con estas dolorosas y evidentes heridas, hay otro daño con el que hemos vivido por más de 40 años, un dolor sordo que nos cuesta identificar y que no hemos sabido darle nombre, pero que está ahí, desparramado de norte a sur por el país, oprimiendo y maltratando a todo el territorio nacional: El proceso de regionalización impuesto por la dictadura es el proceso de desterritorialización nacional.

Tan solo unos meses culminado el golpe militar contra el gobierno de Salvador  Allende y la Unidad Popular, el 17 de diciembre de 1973, la Junta Militar crea la Comisión Nacional de la Reforma Administrativa, encargada de trazar la nueva división político-administrativa del Estado chileno.

El establecimiento de la CONARA a solo meses del golpe militar es la expresión de la necesidad del gobierno dictatorial, de desmontar el modelo republicano dominante anterior, y de construir, mediante una reconfiguración de las relaciones espaciales del Estado, las nuevas estructuras legales del naciente  poder autoritario militar.

La forma como está organizado el país en virtud de la regionalización dictatorial, es la forma que permitió y permite dejar el territorio como un cuerpo expuesto al daño, a la herida, al dolor. La regionalización dictatorial dejó la mesa servida al modelo extractivista que tanto dolor y muerte causa en los territorios.

¿Pero si el proceso de regionalización impuesto en dictadura ha sido tan doloroso para Chile, por qué no escuchamos los reclamos contra este modelo en las calles durante el estallido? En parte porque es un dolor sordo, sistémico, profundo como un cáncer, constante como la fibromialgia. En parte porque, producto de su mismo carácter centralista, es un dolor que casi no se siente en el centro, en la Región Metropolitana, que corresponde a menos del 5% del territorio nacional pero que agrupa más del 25% de la población y, lo que es más importante, concentra el poder político y económico del país. Y si no duele en Santiago es como si no pasara nada… Al menos así ha sido durante largos años, condenando a gran parte del país a vivir en la periferia, en la marginalidad.

Hoy, 28 de julio de 2021 y dentro del proceso construcción de un nuevo país a través de la convención constitucional  comienza a sesionar la comisión de Descentralización, Equidad y Justicia Territorial. De esta comisión deben salir las propuestas para una nueva organización territorial que permita sanar las heridas y los dolores de esta angosta y larga faja periférica y marginal.

La invitación es a estar atentes y, sobre todo, a participar en la construcción de una nueva territorialidad. Participa de las asambleas, cabildos y organización sociales, comunitarias y locales, conversa, discute y comparte cómo es el país, la provincia, la comuna, el territorio que sueñas. ¡Este país lo constituimos todas y todos!

También te podría gustar...

¿Quieres opinar? Deja un comentario!

A %d blogueros les gusta esto: